Preciosa ventana que encontré en mi Camino de Santiago, en la subida a O Cebreiro, segunda jornada.
Abriendo la ventana, la luz de la mañana se cuela hasta mi cama…
Los sueños de la noche se desdibujan y los enredo entre mis manos para no perderlos…
Enlazo uno de ellos en mi pelo, me hago pulseras con otros dos, y cuelgo en mi ventana aquellos que mecerá el viento.
Con su música bailarán incansables como casacabeles de estrellas, recordándome que los sueños cantan…