Hace unos días mi amiga Ester me regaló un momento único que me llenó de energía: recorrer mi ciudad en bici. Creo que no subía desde hace 15 años y hasta me daba algo de cosilla subirme pero una vez empecé a pedalear, la vida cobró una nueva dimensión.
La brisa de otoño (aun cálida), los retazos de conversaciones, la velocidad, el equilibrio, la diversión… La vida en estado puro.
¡Que bonito fue pedalear sobre el presente!
Cómo me hubiera gustado comenzar a volar mientras pedaleaba…
Quizá la próxima vez y si llevo unos globos… :)