Complacer-te
Jueves 26 de Julio de 2007 a las 22:57Ultimamente no deja de llamarme la atención una serie de casos a los que, en su diferencia les he encontrado un punto común.
Dada mi condición de psicólogra frustrada y aficionada, me gusta observar a los demás, y sobre todo cuando me cuentan problemas, que suele pasarme y mucho, trato de hacer relativizar a la persona y aportar, si lo desea, mi punto de vista.
Me estoy dando cuenta de que muchas personas que han caído en una espiral en sus relaciones, sintiéndose perdidos y fuera de sitio, coinciden en la aparente causa de sus desequilibrios. Ésta gira entorno a COMPLACER.
- Pueden complacer a los demás con devoción, “atacando” a un solo frente y actuando de manera egoísta, sin ser conscientes, con otros “frentes” de su vida (con frentes me refiero a áreas, pareja, familia, amigos, etc.).
- Pueden complacer para sentirse aceptados y evitar el sufrimiento ajeno, cubriendo la verdad, y tratando de ignorar un problema que no deja de estar ahí.
- Pueden complacer por haber caido en una relación adictiva y dependiente en la que la devoción por la otra persona parece siempre insuficiente.
- Pueden complacer a todo su entorno por desear ser perfect@s, y así tratar de encajar con una familia en la que la apariencia y la perfección son básicos.
Con todo esto me estoy dando cuenta de que la generosidad es un arma de doble filo cuando se torna en complacencia.
Una gran amiga dijo una vez que hay que dar de lo que tienes. Si no tienes no puedes darlo, no? Así, a menudo vamos cogiendo de nuestras “reservas” y nuestras energías menguan, la salud empeora y pensamos que son cosas del azar, épocas malas.
¿Será quizá que no nos cuidamos demasiado? ¿No será que no conseguimos decir no? ¿Donde está el punto entre ser egoista y complaciente?
En la madurez radica la aceptación, tanto de nosotros mismos, como de los demás, dejando de este modo en manos de cada uno sus problemas, sin volcarlos sobre nosotros.
No se trata de pasar al otro extremo, se puede ayudar a los demás, pero sin hacer nuestros los problemas ajenos, por mucho que nos importen.
Es difícil, ya lo hablábamos cuando tratábamos el desarraigo; los miedos son la fuente principal de nuestras ataduras.
Dando un paso más hacia el equilibrio, dejar de complacer por complacer, sería todo un acierto….
Y tú, ¿cómo llevas este tema? ¿Eres complaciente? ¿Ni fu ni fa? Dime…













